martes, 15 de septiembre de 2015

A Rompesuelas...

¡Ánimo precioso! No he podido hacer nada por ti pero, al menos, quería dedicarte estas palabras para que quede constancia de tu vida y, sobre todo, de tu injusta muerte.

Para los que no conozcáis a Rompesuelas, haré las presentaciones. Esta preciosa criatura tiene tan solo 6 añitos de edad y hoy será brutalmente asesinado. En efecto, Rompesuelas es la víctima de este año (y esperemos que la última) de la famosa “tradición” de El Toro de la Vega, esa “fiesta” medieval que cada año hemos de sufrir y soportar de manera frustrada y sin poder hacer nada.

En muchos medios han hablado de sus características: es un morlaco con pelaje negro bragado, de seis años de edad y 640kg. de peso. Posee dos grandes pitones, el izquierdo más largo que el derecho. Está marcado con el número 114 por la ganadería de Hermanos del Excelentísimo Señor Conde de la Corte y fue criado en la finca Los Bolsicos, en Jerez de los Caballeros (Badajoz). Se cree (porque nadie quiere confirmarlo) que se ha pagado por él unos 6.000€ aproximadamente. Un millón de las antiguas y queridas pesetas por la vida de un animal, para que siendo DE SU PROPIEDAD tengan el derecho a encerrarlo para luego soltarlo, perseguirlo, asustarlo y atacarlo salvajemente hasta su muerte. Lo que es el dinero...

Pero, ¿acaso Rompesuelas es tan solo eso? Una criatura no es sus características físicas. Hola, me llamo Cristina, tengo el pelo castaño, 27 años (recién cumpliditos), mido 1'73 y peso 65kg. ¡Ala! Ya me conocéis todos a la perfección. Lo siento, pero ME NIEGO. Yo no conozco a este hermoso toro, pero sé que es mucho más. Luis Guillermo López Olea, su ganadero, ha sido entrevistado por algunos medios, en los que declara que ha sido acosado y amenazado por animalistas, apelando él a que sólo hace su trabajo. Yo ahí no me meto, cada uno decide si tiene un trabajo digno y no creo que amenazar a este hombre sea productivo para el caso. Pero gracias a este hombre podemos saber, según sus palabras que: “Es muy tranquilo y pacífico, aunque a primera vista impresiona bastante. Nunca ha tenido ninguna enfermedad ni accidente. Ha vivido a cuerpo de rey. […] Viene de la familia de los Rompe, una buena generación de toros con mucha fama por esta zona. Su madre, también Rompesuelas, era una vaca muy disciplinada”.

Disciplinado”, “tranquilo” y “pacífico” son términos que nos cuentan que Rompesuelas no es una bestia salvaje, ni un animal peligroso o violento. Es un animal inocente, de 6 años, que lleva toda su vida sin hacer daño a nadie, sin saber lo que es la maldad del ser humano. Hoy, sin embargo, se encuentra en el corredor de la muerte, esperando sin saberlo a ser asesinado de la manera más brutal y salvaje.

Para los que no conozcan El Toro de la Vega, esta es una fiesta tradicional del pueblo Tordesillas de La Vega (Valladolid) que consiste en soltar al animal por las calles del pueblo para que los aficionados lo conduzcan a campo abierto. Allí es perseguido por lanceros (sí, lanceros, bárbaros con lanzas...). Éstos pueden ir a pie o a caballo y, si el toro logra rebasar los límites del torneo o los lanceros no pueden abatirlo, es indultado. Teniendo en cuenta que participan un centenar de personas, que el animal no está acostumbrado a tener que huir de nada y que se siente asustado, aturdido y fuera de lugar (además de no entender lo que tiene que hacer para sobrevivir y por qué), el toro tiene un ridículo porcentaje de probabilidades de sobrevivir.

Algunos defensores de esta barbarie del s.XVI poseen argumentos de peso tales como:

“Quienes se oponen al festejo son nonfas de asfalto que tienen otras modas y otras modernidades en esta época de blobalización en la que estamos metidos. […] Con los antitaurinos he tomdo la decisión de Santo Tomás, que decía que, con los herejes, la doctrina no se discute”
“Es una herencia de abuelos, de padres, de hijos, que ha llegado a nosotros y debemos conservar y potenciar”
“Es un enfrentamiento entre un solo hoombre armado con una lanza contra una res con sus defensas naturales intactas”.

(Jesús López Grañed, investigador y miembro del Patronato del Toro de la Vega).

“El toro siente dolor, pero no sufre”.

 (José Antonio González Poncela, alcalde de Tordesillas -PSOE-).

Creo que no es necesario rebatir argumentos de una absurdez de tal calibre. Está claro que debatir con incultos, degenerados y bárbaros puede ser del todo inútil.

¿Pero qué hay de los defensores del toro? Esos “perroflautas” sin trabajo y aburridos, según estos catetos linchadores. 120.000 firmas fueron entregadas por PACMA al PSOE, para que instara al alcalde de Tordesillas (del mismo partido) para acabar con la sangrienta fiesta. Pedro Sánchez, secretario el partido, se ha lavado las manos (gesto muy de políticos), declarando que “La decisión que ha tomado el alcalde de celebrarlo la toma como alcalde, no en representación del PSOE”. Pero también se ha comprometido en que si gobierna en la próxima legislatura, prohibirá el Toro de la Vega a través de una ley contra el maltrato animal. Ante esta promesa no puedo hacer otra cosa que reírme hasta vomitar de tanta hipocresía. Usar una barbarie de este calibre para conseguir votos, cunando te has lavado las manos de esta forma tan descarada, me parece de lo más vergonzoso. Además, MILES de activistas se manifestaron el pasado sábado contra el Toro de la Vega en la Puerta del Sol de Madrid. 





Quiero hablaros ahora de Elejido, la víctima del año pasado. Os contaré algo sobre su muerte. Fue conducido según las normas del “torneo”. Los lanceros comenzaron a asestarle lanzadas a sangre fría, henchidos de testosterona al más puro estilo del neolítico. Con las primeras lanzadas, a Elejido se le salieron literalmente las tripas, pero pudo seguir huyendo. Siguió corriendo, algo para lo que un animal doméstico (como son las reses) no está preparado. De hecho, en los San Fermines, por ejemplo, muchos toros mueren por lesiones musculares y óseas que les provocan hemorragias internas, ya que es un esfuerzo para el que no nacieron. Tras muchas lanzadas más de todos los salvajes que allí se encontraban, llegó el momento del “toque final”. En teoría, el que da la lanzada final, en la zona del bulbo raquídeo, debe ser un “profesional” (un torero retirado, por ejemplo, como fue el caso del año pasado), para hacerlo lo menos doloroso posible (ja, ja, ja...). Pues bien, este “profesional” tuvo que asestarle diversas puntilladas, y si buscais las imágenes (nada recomendables para cualquiera con un mínimo de escrúpulos), veréis al animal retorciéndose de dolor con cada una de las puntilladas. Ésta fue la terrible muerte de Elejido, y la que le espera hoy a Rompesuelas.

Mientras escribo, ya ha dado comienzo esta terrible tradición. Este año han llegado a Tordesillas más animalistas que nunca a defender al animal y a intentar boicotear este sangriento espectáculo. A
las 9 de la mañana ya había dos animalistas heridos que sepamos, pero eso no es todo. Los taurinos y los defensores de la “fiesta” alegan que los animalistas somos unos “perro-flautas”, con rastas, pendientes, sin trabajo y aburridos. En fin, perdonaremos a los incultos de opinar sobre toda esta gente a la que más quisieran conocer mejor. Yo soy animalista, tengo una carrera, no llevo rastas ni pendientes (ni en las orejas ya), y desde luego no estoy aburrida. Tengo una vida normal, sé vestirme igual o mejor que ellos y desde luego, soy más humana. Entre los que están apareciendo en los reportajes defendiendo al toro encontramos abogados, veterinarios y gente de otras muchas profesiones que más quisieran ellos tener. Pues bien, entre otras cosas, los taurinos alegan que nosotros, los “perro-flautas”, ponemos en el mismo lugar a los animales que a las personas, y que eso es insostenible. Bien, puedo entender hasta cierto punto este pensamiento, aunque no lo comparto. Que de algún modo, debamos respetar más a nuestra propia especie que a las demás, lo merezcamos o no (que es que no). Vale. Hasta donde yo sé, defender a alguien no es atacar a otro, pero ok, aceptamos pulpo como animal de compañía. Os contaré ahora cómo ha dado comienzo hace unos minutos este año la fiesta...

No contaremos las imágenes vistas de taurinos insultando e incluso empujando y dando patadas a los protestantes. Eso vamos a dejarlo a un lado. Los protestantes, que este año han sido muchísimos, se han asentado en la zona por la que tenía que salir Rompesuelas, para evitar que pudiesen abrirle la puerta. La lógica nos dice que con una situación así no pueden sacar al toro. Hay dos opciones: o bien retrasar o suspender la fiesta, o desalojar a la gente. Pues bien, el señor director del patronato del Toro de la Vega ha tomado una magnífica decisión. Ha decidido abrir la puerta al toro y que éste embista a los animalistas a modo de antidisturbios, probablemente porque los guardias allí implicados no podían acatar esa orden o se han negado. Como si fuera poco, los animalistas han intentado quitarse de en medio, para evitar ser arroyados, y los allí presentes han tapado las vallas para dejarlos al otro lado del muro, cerrándoles el paso. Incluso han llegado a empujarlos con palos para que no pudieran quitarse del camino. Esto nos dice muchísimo sobre la gente que se encontraba hoy en Tordesillas para aplaudir el torneo. ESTO es una vergüenza. ¿Así defendeis vosotros que los animalistas solo piensan en los animales y no en las personas? ¿Y vosotros qué? Atacando a PERSONAS a patadas, con palos, y dejándolos a su suerte para ser atacados por un animal asustado. ¡Vosotros mismos os condenáis, cavernícolas de mierda! Y es que una ya no puede contener la rabia acumulada en un día como hoy.

A estas horas, Rompesuelas ya ha sido asesinado. Sólo puedo desear que haya sufrido lo menos posible. Un animal que ha sido soltado en un lugar desconocido. Poneos, si podéis, un sólo momento en sus pies, por favor. Imagina que después de tener un vida tranquila, sin hacer daño a nadie y siendo una criatura pacífica y amable, te trasladan a un lugar desconocido, te sueltan en un lugar lleno de gente gritando salvajemente y dándote empujones, patadas y pinchazos. Tú intentas huir, y eres perseguido y conducido hacia un lugar que parece más abierta, pero donde hay más gente aún gritando y armada. Muerto de miedo, incluso puedes intentar defenderte, por lo que dirán que estáis en igualdad de condiciones (por supuesto...). Entonces empezarán a atacarte con lanzas (un total de 39 lanceros este año), siendo gente que no sabe cazar, por lo que las puntilladas no serán mortales, e irás muriendo muuuuy lentamente. Empiezas a sentir un dolor atroz, a oler tu propia sangre. Seguramente, algún órgano se te salga del cuerpo. Y todo mientras intentas entender lo que está ocurriendo y qué has hecho para merecer todo ese castigo. En ese momento te rindes, agotado, y te resignas a morir; esperando a que te den el toque final de una vez, muerto de dolor y con los ojos desorbitados del miedo y llenos de lágrimas de dolor.

Rompesuelas, lo siento. De verdad que lo siento. Lo siento en lo más profundo de mi ser. Siento que mi maldita especie se crea superior y en posesión de poder decidir sobre otras criaturas hasta el punto de poder torturarlas y asesinarlas. Lo hacen incluso con miembros de su misma especie, así somos. El dinero es poder. Si pagas por una criatura, ésta es de tu propiedad. ¿Qué bonita es la especie humana, verdad?

Hay una frase de la película “Patch Adams” que creo que viene muy al caso:

“De toas las creaciones del mundo, el ser humano es el único que mata sin sentido”

Y en palabras, ni más ni menos que, de Leonardo da Vinci:

“El hombre es el rey de los animales, pues supera en crueldades a todos ellos. Desde muy temprana edad aborrecí alimentarme de animales, y yo sé que llegará el día en que los hombres y las mujeres se opondrán a la matanza de los animales como ahora reprueban la matanza de sus congéneres.”

Y eso es lo que aún hace que tenga algo de esperanza en la humanidad. La esperanza es lo que nos hace fuertes. Lo que hace que se puedan conseguir cosas con nuestra lucha. La esperanza hace que este año hayan sido muchos más los que han luchado por el toro, y quién sabe si, con suerte y lucha, Rompesuelas haya sido la última víctima de esta salvajada. En la tele, acaba de salir un torero, ya retirado, hablando de que con los años se ha dado cuenta de la barbarie y la violencia de las fiestas de este país, y que de volver a nacer, habría hecho lo mismo pero sin sangre ni sufrimiento. Algo está cambiando, y es lo único que me hace seguir adelante. La gente evoluciona. Y es que no hay que ser animalista para darse cuenta de que ciertas cosas deben cambiar.

Rosa Montero, animalista confesa, declaró el otro día que en los inicios del movimiento animlista en España, ella estuvo en una manifestación animalista, y ésta constaba de tan sólo treinta personas. Hoy, somos miles y miles de personas, y cada vez somos más. La lucha no ha hecho más que empezar. Rompesuelas es un mártir de esta lucha, y será recordado por todos nosotros por ser una víctima más de la crueldad humana, tan extendida aún en el mundo, dejando incluso a niños muertos en las orillas de una playa.

Y es que no todas las tradiciones deben ser defendidas y seguidas. Y si fuera así, sigamos quemando brujas, que las mujeres nos quedemos en casa, que es para lo único para lo que servimos, odiemos a los negros y esclavicemos a cualquier persona no nacida en Europa, condenemos a los homosexuales, sacrifiquemos vírgenes o animales para los dioses... ¡Por favor! No sesamos ridículos...

Señores y señoras, jóvenes y no tan jóvenes... ¡HUMANIDAD! Quiero pediros algo desde aquí: 
Pensad. Leed. Experimentad. La evolución no es mala. Tenéis que dejar de ser tan cerrados en muchas cosas. Abrid vuestras mentes y vuestros ojos, pero sobre todo, abrid vuestro corazón.
 

Rompesuelas, descansa en paz. Te quisimos, aunque por poco tiempo, pero no te olvidaremos.





sábado, 21 de febrero de 2015

Cap. VII

¡Buenas!

Sí, publico en mi blog. ¿Milagro? ¿Enfermedad? ¿Aburrimiento? No. Simplemente he decidido ponerle más empeño y esforzarme más en tenerlo menos abandonado. Así que me dispongo a quitarle las telarañas y a ir poniendo cositas cada vez que pueda.

Este es un capítulo que escribí como colaboración con un par de personillas que me ofrecieron la oportunidad de poner mi granito de arena en una obra muy interesante que crearon a partir de algo tan maravilloso como la improvisación. 

La obra se compone de doce capítulos en total de los que dejaré en enlace al final. Estoy muy agradecida a su autora principal por dejarme participar en este proyecto, ya que siempre me falta motivación para escribir y, aunque fuese poquito, me animó el volver a poner letritas en cierto orden con sentido para CREAR algo. 

Pues bien, aquí os dejo el único capítulo escrito por mí. Espero que os guste y me comentéis qué os parece. Os animo a leer también el resto de capítulos, que son muy interesantes y tienen su puntillo que te atrapa y te engancha desde el momento cero.

Cap. VII

Bueno, al fin es viernes por la tarde. Una clase más metida en aquel agujero sin aire y creo que me suicido cortándome las venas con los folios de mis apuntes. Creo que hoy comeré algo rico, la comida de la facultad empieza a sabotear mi estómago y los tuppers recalentados empiezan a cansar. ¡A la cocina se ha dicho! Y a todo esto… ¿Yo hoy tenía algo que hacer? Viernes… viernes… no caigo.


¡Vaya! Esto empieza a oler de lujo. Después de comer me echaré una siesta de lo más reparadora. No me despertaré hasta las 6 o las 7.
¿Las 7? ¿Hoy había algo a las 7? El viernes a las 7… ¡Joder! ¡Ya me acuerdo! No era yo quien tenía planes. Son estos dos los que habían quedado hoy para hablar. Ay madre mía, veremos a ver cómo acaba la cosa… Creo que después de comer haré café, puede que sea una noche larga entre charlas y llantos. ¿En qué estaría pensando esta chica para decirle de quedar? ¿Y en qué momento se me ocurriría a mí decirle que me lo había encontrado? De verdad que, ¡vaya dos! ¡Es que son como la pescadilla que se muerde la cola! Eso no puede acabar bien. Han entrado en un bucle de ignorarse, odiarse y amarse al mismo tiempo de lo más peligroso. Que sí, que han tenido una gran historia, pero eso se acabó. Después de tanto odio, de tantas miradas evitadas y de tantos silencios incómodos, jamás podrán volver a lo que tuvieron; ni siquiera podrán volver a ser amigos.
Bueno, comida lista. Voy a comer antes de que se me indigeste. Y es que, ¿en qué momento se me ocurriría presentarlos? “Creo que os llevareis bien”, “hacéis muy buena pareja”… ¡Seré bocazas! Y ahora he pasado de encantadora Celestina a estar en medio de juez y, si me apuras, de niñera. Que sí, que en la amistad hay que estar a las duras y a las maduras, que no van a ser todo risas, cervezas y juergas; pero ¿acaso me hacen caso cuando les aconsejo? ¡Ni de coña! Entonces, ¿qué quieren de mí? 
¿Es que no pueden mirar hacia delante y dejar atrás el pasado? Ojalá bajase del cielo Tennyson y les dijese que más vale haber amado y haber perdido que jamás haber amado. ¿Acaso tienen complejo de Calibán? Ese pequeño demonio que adoraba tanto como odiaba a su amo, que lo esclavizaba y maltrataba, hasta que se busca un nuevo amo a quien adorar. ¿Pero para qué? Para al final volver a su antiguo esclavizador al que jamás dejó de adorar, a pesar de los maltratos que éste le propinaba al pobre Calibán. Siempre me dio un poco de lástima este infame personaje, pero ¿no es inútil apiadarse del que se deja avasallar y tiende a vivir una vida de masoquismo? Pues eso es lo que les pasa a estos dos. Parece que sólo quieren volver para adorar el daño que se hacen mutuamente.
Ya no tengo más hambre. Voy a tomarme el café a ver si me despejo un poco. Hoy con mucha azúcar, que la necesitaré. 
Y al otro es que ya le vale. ¿No podía saludarme como todo el mundo y listo? No. Tenía que mostrarme sus ojos tristes, que ni sus nuevos musculitos pueden esconder, tenía que hablarme de ella con esa voz ensoñadora que tanto detestan algunos de sus amigos, tenía que decirme que la echa de menos, que no existe otra musa que le inspire como ella, que hace dos años que no sabe lo que es vivir. Y claro, a mí es que se me cae el mundo encima. Que una no es de piedra. Y vale que yo no haya tenido lo que han tenido ellos, que jamás haya conseguido llegar a ese punto de conexión con nadie, que jamás ha existido un tío que me llene de verdad, pero eso no significa que no ansíe tenerlo con cada poro de mi piel y con cada latido de mi corazón. Eso no significa que cada vez que estaba con ellos se me acelerara el pulso con sólo mirar cómo se tiraban avioncitos de papel mientras yo fingía molestarme porque no me dejaban estudiar, cuando en realidad lo que sentía era una dolorosa envidia recorriendo mi espinazo. Eso no significa que cada vez que ella me llamaba y me contaba sus mil y una historias de amor, e incluso sus capítulos de desamor, yo me imaginara siendo la protagonista de dichas historias con algún príncipe azul que en lugar de Ismael Serrano me cantase por Bryan Adams; y es que a mí siempre me fue más la música en inglés. No significa que, por una santa vez, quisiera sentirme como Satine y no como Toulouse en Moulin Rouge!. 
Pero claro, eso a nadie le importa. Lo que importa es que ellos llevan sufriendo todo este tiempo, incluso después de dos años.
Pero yo no voy quejándome y llorando por las esquinas, hay que seguir adelante y luchar por lo que uno quiere. Si fuese por mí, retrocedería dos años y les daría una colleja a cada uno para que se diesen cuenta de lo que iban a perder, pero eso ya no es posible. Y con ella al menos puedo hablar, pero es que él me pone de los nervios. Aunque, ¿de qué sirve hablar con ella? Siempre me sigue la corriente, autoconvenciéndose de que ya lo ha superado y que en estos dos años ha estado con otros tíos, como si eso significara algo. Como si no hubiera buscado en cada uno de esos tíos cosas que le hicieran pensar en él. 
Pero ella cree que no me doy cuenta. Uno también escuchaba a Ismael Serrano. El otro tenía unos rasgos muy parecidos, esa nariz es muy característica. Incluso aquel chaval que conocimos en el café, para nada de su estilo, pero simplemente se llamaba como él... ¿Acaso intenta involuntariamente hacer un puzle de hombres para volver a formarlo a él? 
Llegados a este punto, casi me alegra que hayan quedado hoy. Tal vez este sea un punto clave para seguir adelante, tanto para bien, si al final consiguen volver a ser amigos (o algo más), como para mal, si por fin se dan cuenta de que no hay por dónde coger esa relación y terminan cortando por lo sano y logran olvidarse el uno del otro de una vez.
¿Debería llamarla? ¿Le mando un whatsapp? ¡Ay, Dios! Estoy yo casi más nerviosa que ellos. Será mejor que espere, puedo cagarla si la llamo y la agobio más aún...Voy a por otro café y le escribo, venga.
O no. 
Ay, no sé.
Escuchando: "Everything I do (I do it for you)" ~ Bryan Adams




Y ahora los enlaces del resto de capítulos: 



Falta el último, que aún está en el horno preparándose para salir. En cuanto esté, lo cuelgo también ^^

Saludos a todos y gracias por leerme!

martes, 10 de junio de 2014

RELATO - Cap. 1 | El Monstruo

Bueno... he tardado un poquito en volver a escribir en este blog, pero lo cierto es que ando algo escasa de tiempo; y cuando tengo tiempo, me faltan ganas o inspiración para escribir. Hoy quería compartir el principio de un relatillo que escribí hace algún tiempo, y que iré continuando junto a otras historias. No es gran cosa, pero lo tenía por ahí y al verlo he querido compartirlo. Espero que os guste ^^





Vuelta a empezar... Vuelta a la frustración y al desasosiego. Otra puerta que se cerraba en su camino por la razón de siempre, el miedo a cruzarla. Después de tantas veces, Clarice debía estar acostumbrada ya a ello; cualquier otra persona habría abandonado probablemente hacía mucho. A ella sin embargo le podía la ilusión. Era ese ímpetu arrebatador que le recorría las entrañas el que la empujaba a intentarlo siempre una vez más. Pero, ¿acaso lo que ella hacía podía llamarse siquiera intentarlo?

Por lo general, cuando Clarice se sentía deprimida como en aquel momento, daba un paseo por el centro de la ciudad. Le gustaba deambular por las concurridas calles observando a la gente, sus comportamientos, sus gestos; e incluso inventaba sus historias en su cabeza. Llegaba hasta aquel viejo cine que habían restaurado hacía un par de años, el cual conservaba el aspecto y estilo de un cine de mediados de siglo. Le encantaba sentarse en los escalones de aquel edificio. Allí solían poner películas antiguas y algunas actuales en versión original. Se dedicaba a mirar los carteles, admirar los rostros de sus artistas favoritos y soñar con que algún día, alguien fuese allí a ver una de sus actuaciones. Sin embargo, pocas veces había entrado en aquel lugar. No le gustaba ir sola al cine, y además, la mayoría de las películas que proyectaban ya las había visto cientos de veces. Iba allí en realidad como alguien desesperado que busca un lugar de culto donde rezar sus plegarias, donde meditar; una especie de templo.

Pero contra todo pronóstico, no fue aquel lugar el que visitó aquel día. El otoño había llegado a la ciudad con su manto gris ocupando el cielo y los tonos marrones y amarillos borrando el brillo de los árboles. Estos colores y las bajas temperaturas no eran lo más apropiado para combinar con su estado de humor, por lo que ese día prefirió ir a un lugar refugiado. Dirigió sus pasos pues a lo que probablemente había sido siempre su segundo templo. El primero en realidad durante muchos años, antes de su afición por el cine. Caminó a paso ligero por las frías calles hasta llegar a la biblioteca que había cerca de la avenida Leonardo da Vinci, donde tenía la oficina su padre.

Llevaba visitando aquella biblioteca desde que su memoria alcanzaba. La primera vez que fue, tenía unos 5 años. Su madre la llevó mientras esperaban a que Charles, el cabeza de familia, hiciera su entrevista de trabajo para la empresa en la que estría trabajando hasta entonces. Clarice hizo buenas migas con la joven bibliotecaria que había aquel día, y a su corta edad le hizo su carnet de biblioteca. Desde entonces, su madre la llevaba con frecuencia a aquel lugar que parecía fascinar a su hija. Apenas sabía leer aún, pero se entretenía mirando los libros infantiles y los dibujos de algunos cuentos. Pero lo que más interesante le parecía a Clarise era el ambiente que allí se respiraba. Estaba acostumbrada a escuchar gritos en casa a todas horas. Sus padres, divorciados ahora desde hacía 5 años, nunca llevaron demasiado bien su precoz matrimonio; uno de los tantos matrimonios llevados a cabo más por los suegros que por la propia pareja, obligada a casarse cuando una jovencita queda embarazada. Tal vez, el ambiente que la niña respiraba en su hogar hacía que aquel lugar le pareciera un paraíso, con todo ese silencio y tranquilidad. Le parecía impresionante ver a la gente tan concentrada en sus asuntos, absorta en libros y revistas, sin importarle un bledo lo que ocurriese a su alrededor. Desde entonces, ese fue su primer refugio.

Mientras cruzaba la entrada de la biblioteca, aún resonaban en su cabeza las palabras “Adelante jovencita”. Había cogido el autobús hasta el antiguo barrio situado al este de la ciudad y después había ido prácticamente corriendo hasta llegar a aquel local oscuro y semivacío donde le harían su audición. No era la primera vez en absoluto que se presentaba a una prueba. Desde que la interpretación había llegado a su vida, su sueño había sido conseguir un papel en alguna obra. Sin embargo, en aquella ocasión, igual que en las demás, aquel monstruo la había atacado.

Adelante jovencita” dijo el hombre que se presentó como Gustave, un bohemio que parecía salido de otra época con sus excéntricas ropas y su boina. El hombre, que emitía un aroma un tanto almizclado le produjo un leve dolor de cabeza en cuanto vino a saludarla. Ella se presentó a Gustave, que iba a ser el director de la obra, y desde el primer momento sus nervios fueron en aumento.

- Sudor de manos, ¿eh? – le había dicho en cuanto ambos se estrecharon sus diestras a modo de presentación – Tranquila, es de lo más normal en estos casos.

Una leve sonrisa fue lo que salió de Clarice a modo de contestación ante este comentario, a pesar de que en su interior deseaba salir corriendo y gritando hasta estar al aire libre y vomitar hasta vaciarse.

Esta vez Clarice iba decidida a vencer al monstruo, no dejaría que ganase la batalla esta vez. Oh, no, esta vez no. Eso fue lo que se repitió durante todo el camino y lo que llevaba repitiéndose desde que había visto el anuncio de la audición.

La vez anterior, se presentaba para Sueño de una Noche de Verano. En un principio deseó hacer la prueba para el papel de Titania. Adoraba al personaje, y le habría encantado verse disfrazada de Reina de las Hadas. Pero de camino a la prueba, el bosque de Arden se le vino grande, y pensó que tal vez sería mejor presentarse para el papel de Helena. Algo más sencillo. Algo más… para ella.

- Adelante Clarise – dijo la voz de aquella mujer, de la cual ya no recordaba el nombre -. Paso al frente y comienzas con tu texto.

Pero justo en ese instante, el monstruo volvió a la carga y se encargó de que saliera de allí sin otro papel que el de fracasada deprimida con toques de frustración y lágrimas.

Aquel día de otoño, sin embargo, pensó que iba a ser distinto. Esta vez se presentaba en serio, nada de recular. Iba a presentarse para el papel de Lady Macbeth, el papel de sus sueños. Clarice se sabía el papel al dedillo. No sólo porque le gustase la obra, sino porque Lady Macbeth tenía todo lo que ella deseaba tener. No era precisamente una mujer a la que admirar, pero tenía coraje, valentía, era fuerte y segura; al menos antes de perder el juicio.

Llevaba semanas ensayando el papel. Nunca en su vida se había lavado tanto las manos como esa semana. Había ensayado caras y gestos estirados frente al espejo, soñando con ser una mujer así durante un rato al menos.

Pero entonces ocurrió.

- Adelante jovencita – dijo la voz del señor Gustave, dando paso a su prueba.

Pero allí estaba el monstruo para atacar de nuevo. Notó el sudor frío que empezaba en sus manos, pero ahora recorría todo su cuerpo. El monstruo se agarró a su garganta, obstruyendo las frases que tenía en su cabeza. Le agarró las manos e hizo que empezasen a temblar y después se revolvió en su estómago y le hizo un nudo en el pecho evitando que pudiera respirar bien.

Intentó luchar más que nunca, incluso consiguió que algunos sonidos guturales saliesen de su garganta. Lady Macbeth era fuerte y luchaba con su puñal contra el monstruo para intentar salir. Pero la batalla, como siempre, fue perdida. Aquel monstruo mató a Lady Macbeth y una lágrima resbaló por la mejilla izquierda de Clarise, dejando tras de sí un leve rastro negro del lápiz de ojos que había utilizado para resaltar su mirada.

Notaba la preocupada mirada del señor Gustav, y las frías e impacientes miradas del resto de candidatos que esperaban para la audición. Algunos murmuraban, otros reían por lo bajo. Pero ella simplemente sentía al monstruo. Miedo, terror, agonía.

Lo siento…

Fueron las únicas palabras que consiguió emitir con un débil hilo de voz, y acto seguido salió corriendo. Huyó de los monstruos que la perseguirían siempre, aquellos caníbales que se alimentaban de sus personajes y que robaban sus sueños.

Con todo esto en su cabeza, llegó a su sección favorita de la biblioteca: Teatro Clásico. Dio un paseo por la zona, visitando aquellos cadáveres que había ido matando uno a uno en sus miedos, como si de una tragedia de su época se tratase. Tras un par de vueltas, decidió que aquel día sería mejor cambiar de tema un poco; al fin y al cabo había venido a despejarse, no a hundirse más aún en su miseria.

Pasó por la zona infantil, que le trajo gratos recuerdos de sus primeros años en aquel paraíso de palabras, pero no era esta zona para alguien como ella a estas alturas de su vida. Continuó su paseo por el lugar y vio la zona de Novelas Victorianas, la zona favorita de las feministas que sentían tanto odio por los hombres, mujeres que leían novelas en las que su heroína acababa casada con alguien a quien no soportaban, pero que por arte de magia acaba siendo el príncipe azul (pero jamás con ese nombre, pues los príncipes azules no existen, son una abominación del sistema que envenena las mentes de las jóvenes féminas). Jamás había entendido muy bien la gracia de este tipo de novelas, y mucho menos a sus lectores (lectoras en su 80%).

Una chica que estaba leyendo uno de los tal vez miles de ejemplares y ediciones de Orgullo y Prejuicio se le quedó mirando con una cara extraña. Entonces Clarise recordó que había llorado y que debía tener la cara manchada de maquillaje y se dirigió al baño. En su camino tropezó con alguien, ya que iba mirando hacia abajo para que nadie viera su cara. Ni siquiera se fijó en la persona con quien había chocado, se limitó a pedir una leve disculpa en un susurro y continuó su camino hacia el baño. No quería que más gente allí viera su aspecto, debía parecer un mapache en aquel momento, y lo que menos quería era llamar la atención.

Salió del baño y suspiró algo más relajada y se dirigió a la zona de Misterio; una zona que había visitado en raras ocasiones. No había demasiada gente, y la que había parecía bastante ensimismada en su lectura, y ello le gustó. Sólo una persona deambulaba igual que ella por la misma zona, en busca probablemente de alguna nueva lectura en la que adentrarse.

No le conocía, ni tenía nada de especial; sin embargo algo le llamó la atención, pero ni siquiera sabía qué era. Empezó a fijarse en qué libros estaba mirando, y vio que buscaba algo entre las novelas de Stephen King. Estuvo a punto de decirle algo, por entablar conversación. Pensó pedirle consejo, ya que no había leído demasiadas novelas de ese tipo y tal vez pudiera ayudarla a elegir. Pero ese pensamiento duró unos escasos segundos, acto seguido se esfumó y pensó que aquello era una biblioteca, y que la gente rara vez va a un lugar así a entablar conversación. Además, tal vez tampoco tenía ni idea de aquellos libros. Había sido una idea absurda.

Dio un par de vueltas, pero al no conocer demasiado el tema al fin se decidió por coger uno de los pocos que conocía, Muerte en el Nilo de Agatha Christie; seguramente guiada por esa fuerte tendencia humana de agarrarse a lo que uno conoce o al menos ha oído, en vez de apostar por lo desconocido.

Observó el libro con detenimiento, como si éste fuese a revelarle si su lectura fuese a merecer la pena o no. En la portada se leía el título y el nombre de la escritora en letras grandes y blancas sobre un fondo negro, y debajo había una foto de una pistola y un par de joyas. “Qué original…”, pensó Clarice, ya que todas las novelas de ese estilo parecían ser iguales a su parecer. A pesar de ello, se sentó en un lugar apartado de la mayoría de lectores y se dispuso a comenzar su aventura por el Nilo. Ojalá el viaje y el misterio le despejaran un poco la cabeza; al fin y al cabo, cualquier lectura ayuda a despejar la mente.

[Continuará...]

sábado, 16 de noviembre de 2013

Noviembre... mes de otoño, mes de muerte...

Noviembre… mes de otoño. ¿Y qué es el otoño sino símbolo de muerte? Las hojas se caen, y con ellas la vida en el ambiente. Noviembre… mes de muerte. Aire gris, cielo turbio… el suelo cubierto de hojas cadavéricas que vuelan sin rumbo con el viento otoñal.

Y allí, entre hojas, se sienta ella… como una hoja marchita más que carece de alma y ha perdido el rumbo. Pero ella no es una hoja, es una persona, con su alma y sus pensamientos. Los pensamientos… esos que cada noviembre viajan al pasado para recordarle los noviembres tan duros que había conocido.

¿Cuánto tiempo había pasado desde aquel primer noviembre fatídico? ¿Diez años? Tal vez un poco menos… ya ni lo recordaba. Pero desde aquel año no volvería a tener un noviembre tranquilo o feliz. Siempre había sido sensible a ciertas fechas, pero noviembre se había propuesto ser el mes más recordado, ya que cada año intentaba darle nuevas razones para odiarlo.

Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela…” – así resonaba en su cabeza la Canción del Pirata del maestro Espronceda – “… no corta el mar sino vuela, un velero bergantín”. Siempre pensaba en aquel poema, pero pocas veces lo recitaba, pues en su cabeza no era su voz la que oía, y era eso lo que más le gustaba. No recordaba su vida antes de conocer ese poema, al menos no sin haberlo oído. Tenía unos 10 años cuando lo vio por primera vez en su libro de Lengua en el colegio, y cuando se lo mandaron leer en voz alta lo hizo a la perfección porque ya se lo sabía de memoria.

Con los años se había convertido en una especie de himno para ella. Un hermoso recuerdo que le daba fuerzas y ánimos en los momentos difíciles. No por la letra de la poesía, a la que apenas prestaba atención en realidad, sino porque era un gran recuerdo, un símbolo, de quien se lo había enseñado. Su abuelo, su padre, su maestro, su héroe y su ídolo. Él había sido todas esas cosas, pero hacía unos diez años que ya no estaba a su lado.

Noviembre… mes de otoño y mes de muerte.

Después de su abuelo, noviembre se había cobrado otras vidas a lo largo de los años. Él fue el primero de la lista, y a la vez el más importante en su vida. Se había llevado también a su tío, a su padre y a otras personas menos cercanas, todos en noviembre. Pero cada mes de noviembre, el recuerdo que más le dolía era el de aquella primera pérdida. Incluso aquel año, una amiga cercana acababa de perder en cuestión de días a dos personas queridas. Fue entonces cuando se dio cuenta de que noviembre no sólo iba a por ella. Y, así, cada noviembre ella temía alguna pérdida cercana. Pasaba el mes horrorizada porque pasara alguna tragedia cercana a ella. ¿Acaso era una tontería? Tal vez… tal vez sólo eran casualidades, la gente pierde seres queridos todo el año. Pero no podía evitarlo.

Bajel pirata que llaman, por su bravura el Temido, en todo el mar conocido, del uno al otro confín

No está bien recordar a los seres queridos que se han ido en la fecha de su muerte. Pero a decir verdad, ella lo recordaba muchas otras veces. En su cumpleaños, que era unos días después que el suyo, en Navidad, en el cumpleaños de su abuela, en los Carnavales, en las ocasiones especiales familiares, como en la boda de su primo, casi hermano, a quien mencionó en el discurso e hizo que todos llorasen de emoción. Y, cómo no, cada vez que ella lograba algo, una de las primeras cosas que pensaba era en lo orgulloso que había estado de ella. La graduación… le habría encantado saber que se había licenciado, que se había independizado y era tan feliz. Siempre estaba un poco presente en su vida, a pesar de los años que llevaba sin él.

La luna en el mar riela, en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento, olas de plata y azul

Hay gente que dice que cuando alguien muere todo son elogios para esa persona, como si al morir uno se santificase. Lo cierto es que, por lo general, estoy bastante de acuerdo. Está feo hablar mal de alguien que ya no está para defenderse, y cuando quieres a alguien lo mejor es recordar los mejores momentos de esa persona…

Cuando ella nació, su abuelo cumplía 70 años, por lo que lo conoció ya bastante mayor. Pero hasta sus 86 estuvieron conviviendo día a día, y ella jamás había visto nada malo en él. De hecho, cuando en el colegio le mandaron escribir la biografía de alguien a quien admirase no dudó en hacerla sobre él. Todos los que lo conocían se impresionaban de su carácter, sus buenas formas y su apego por la familia. Era un gran marido, buen padre y grandioso abuelo. La mejor persona que ella jamás conocería. Le encantaba recordar sus frases más típicas, sus chistes, las cosas que hacía para hacerle reír y pasárselo bien, incluso sus juegos cuando estaban comiendo. Le gustaba recordar con qué perfección montaba el Belén cada año para Navidad y cómo decoraban juntos el árbol. Incluso aquel año que se perdió el niño Jesús y ella le prestó su bebé Pin&Pon para que el pesebre no estuviera vacío. Su manzanilla después de comer, su manera de limpiar las zapatillas, cómo se lavaba las manos con pulcro cuidado y, de paso, le enseñaba a hacer pompas de jabón. Cómo leía el Sur cada día e intentaban descifrar el jeroglífico juntos. Cómo llevaba sus cuentas y todo tenía su orden. Cómo jamás decía una palabrota y jamás se enfadaba. Su risa, sus ronquidos cuando “descansaba la vista”. Su sillón, del que ella no quería separarse cuando él murió porque aún conservaba su aroma, donde incluso una vez llegó a verlo… la imaginación juega malas pasadas.

Todos esos recuerdos son maravillosos, pero también le gustaba recordar que desde que enfermó en noviembre, hasta que murió en noviembre del año siguiente, ella permaneció a su lado, aunque a veces él no la reconociera. Eso, sin duda, era lo más duro. Pero ella estuvo ahí. En sus mejores y peores días. Lo llevaba a pasear, porque sabía que esto le alegraba. Incluso cuando le empezó a costar andar, salían con la silla de ruedas; ella guantes en mano, porque a sus 16 años no tenía mucha fuerza y a ratos se lastimaba las manos llevando la silla. También le gustaba recordar esos momentos, aunque no fueran tan felices, porque al menos pudo estar a su lado y despedirse de él. Hasta el último momento. Eso la hacía un poco más feliz.

Y ve el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa; y allá al frente Estambul

¿Es malo ponerse triste por los recuerdos? ¿No es mejor no pensar y superarlo de una vez? Tal vez. Pero hay cosas en esta vida que uno, simplemente, no quiere dejar atrás. Hay personas que se van, de unas te despides, de otras no, pero sólo algunas te marcan de esa forma. Algunas personas recuerdan a otras que ya no están para mantenerlas vivas en su corazón. Muchos artistas buscaban la inmortalidad a través de su arte, que permanecería ahí a lo largo de los años cuando ellos ya hubieran dejado este mundo. Al ser recordados por medio de su arte, ellos seguirían vivos en el mundo de alguna manera. ¿Acaso no es esto lo mismo? Si jamás olvidas a alguien, y lo tienes presente en tu corazón, esta persona jamás se irá del todo de tu vida. Y tal vez por eso, ciertas personas jamás morirán para nosotros.

-Navega, velero mío, sin temor, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor

Ella jamás olvidará todo lo que le enseñó, las cosas que le dejó, e incluso las manías que heredó. Había heredado su carácter, su tranquilidad y paciencia, lo que le costaba enfadarse (aunque no tanto como a él). Y las manías… tantas manías que tenía como él y las que habían aparecido después. Pero le encantaban, porque eran suyas. Lo último que le dejó fue el libro de “El Señor de las Moscas”, que se había convertido en uno de sus libros favoritos y le tenía un cariño especial.

Veinte presas hemos hecho a despecho del inglés y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies

10 años han pasado desde aquel maldito noviembre en que enfermaste. 9 años desde que te fuiste. Y jamás te olvidaré. Siempre te echo de menos, pero estas cosas me hacen sentirme un poquito más cerca de ti. Es una pequeña forma de agradecer todo lo que me diste y enseñaste.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi Dios la libertad; mi ley, la fuerza y el viento; mi única patria, la mar


Te quiero abuelo.


viernes, 15 de noviembre de 2013

Hagamos las presentaciones

Bueno, pues al final me he decidido a hacer un blog... y he aquí la presentación.

Antes de nada, quiero explicar qué me ha llevado a tomar la decisión de crearlo. Es algo que he pensado en más de una ocasión, pero jamás me había decidido. En primer lugar, en los últimos meses he estado siguiendo las publicaciones de los blogs de algunos amigos, y me había empezado a picar el gusanillo. Por otro lado, siempre me ha gustado escribir, pero no escribo algo en concreto, simplemente me dejo llevar. Pero, ¿por qué ahora? Pues bien, lo explicaré.

Hoy es 15 de noviembre. Estamos justo en el ecuador de un mes que realmente ODIO. Odio el otoño en general, pero el mes de noviembre suele ser una pesadilla para mis ánimos. No me enrollaré mucho en este tema, ya que esto es una presentación y para hablaros de mis problemas con noviembre ya haré alguna publicación. El caso es que este mes me pone algo sensiblera y cuando estoy sensible me gusta escribir.

Por otro lado, hace poquitos días he vuelto a tener contacto con gente muy especial con la que hacía mucho que no hablaba y la verdad es que fue un gran reencuentro. Las amistades, las buenas al menos, hay que cuidarlas y mimarlas, y no dejarlas abandonadas. A veces surgen problemas, pero si la amistad es buena y fuerte no hay nada que una cervecita y una buena conversación no puedan solucionar. Éste reencuentro me hizo recordar otros tiempos y otras costumbres. Tiempos en los que la creatividad y las conversaciones surrealistas eran mi día a día. Días en los que podía pasar cualquier cosa y en los que la inspiración era nuestro modo de vida. Todo ello me dio muchas ganas de escribir también, aunque sólo fuera escribir mis pensamientos, ideas y desvaríos. 

Unos días atrás, estaba hablando con un compañero de trabajo y en la conversación salió que me gustaba escribir. Me pidió que le enseñara algo que había escrito y me di cuenta de que no tenía absolutamente nada... las pocas cosas que he escrito, quitando fragmentos sueltos de cosas, estaban en mi antiguo ordenador, y al morir, todo mi trabajo murió con él. Eso me hizo pensar, y tal vez esta sea una forma de dejar plasmado de una forma algo más segura las cosas que escribo, aunque solo sea para conservarlas yo.

En fin, pues que entre todo esto y la sensiblería que tengo con el maldito mes de noviembre he decidido desahogarme aquí, creando este pequeño rinconcito donde dejar mi huella y, por primera vez en mi vida, compartirla con el mundo.

Y ahora el porqué del título.... pues a ver, se me da de pena poner nombres. Odio tener que pensar nombres para cuentas o contraseñas, en serio, me quedo en blanco. He tardado más en elegir el título de lo que seguramente tardaré en escribir esta publicación. Y nada, lo primero que se me ha venido a la cabeza ha sido que el nombre debía simbolizar un sitio tranquilo donde uno se pudiera esconder y relajar. Y sí, así es, mi amigo Tim Robbins ha venido a mi cabeza a compartir conmigo su escondite soñado. Para los que no hayáis leído el libro de Stephen King o hayáis visto la peli, Zihuatanejo es una pequeña ciudad de México que se caracteriza por su tranquilidad y la hospitalidad de sus habitantes. En esta novela/peli el protagonista es un preso condenado a cadena perpetua (Cadena Perpetua es el título de la peli en español) que sueña con escapar y huir a esta pequeña ciudad alejada de su mundo para poder vivir en paz. No os contaré más de la peli por si queréis verla. Merece la pena, al menos para mí. Pues bien, básicamente de ahí viene el nombre del blog, es el rincón al que me escaparé para estar tranquila y estar en paz.

Ah, bueno, y si alguien preguntase ¿y por qué lo pones en inglés? ¿no puedes ponerlo en español? Pues mira, sí, podría ponerlo en español, pero una de las cosas que me inspiran para hacer este blog es la cantidad de literatura que he aprendido en la carrera, y ya que todo lo que he aprendido ha sido prácticamente en inglés y este idioma al fin y al cabo ha marcado gran parte de mi vida, pues quería que esto también estuviera de alguna manera expuesto en el título. 

Y, ¿de qué va a ir el blog? Pues de nada en particular y de todo en general, básicamente. No tengo una idea fija de lo que iré publicando. En principio quiero usarlo como medio de escritura. Iré escribiendo lo que vaya saliendo, de cualquier tema o de cualquier cosa que sienta. Pero también publicaré chorradas varias que pueda encontrar o artículos sobre cosas que crea interesantes de compartir.

Pues bien, eso ha sido todo, no está mal para una presentación. No quiero aburrir a la gente tan pronto ^^ 

Saludos y espero que disfrutéis de este pequeño lugar en el que compartiré mis cositas.